Además de La zapatilla de cristal, esta recopilación contiene otros nueve relatos con un hilo común: Yasuoka escribe desde el convencimiento de que el yo tiene tal profundidad que a veces puede parecer ilusorio. Ambientado en el caótico telón de fondo de la época que va desde antes de la Segunda Guerra Mundial hasta justo después de que finalizara, estas historias están llenas de un sentido eterno de novedad y humor que no se deteriora con el paso del tiempo. Enormemente elogiada por Haruki Murakami, La zapatilla de cristal y otros relatos sigue ofreciendo a sus lectores una nueva experiencia literaria.
Traducción: María Alonso del Yerro
Diseño: Estelle Talavera Baudet
Shotaro Yasuoka es uno de los mayores exponentes de la literatura japonesa.
Premios obtenidos:
1953 Premio Akutagawa por “Bad Company” y “Gloomy Pleasures”
1959 Premio del Ministro de Educación de Arte y Premio Literario Noma por A View by the Sea
1967 Mainichi Publishing Culture Award por Maku ga orite kara (Después de que bajaran el telón)
1981 Premio Literario de Japón por A Tale of Wandering Ancestors
1986 Gran Premio de Literatura Yomiuri por Hashire tomahoku! (¡Corre, Tomahawk!)
1989 Premio Literario Noma por Boku no showashi (Mi historia Showa)
RESEÑA EN EL PLACER DE LA LECTURA:
El cuento o el relato corto japonés incluye algunos detalles propios que le hacen ser bastante diferente del occidental y aún más del estilo hispano. Gustosos los que escriben en castellano de que sus personajes destaquen bien por sus méritos o por su idiotez, por sus riquezas o miserias, por enseñar o desenseñar fabulando; sumando a esto el gusto por lo acabado, maduro y completo, que nos hace cerrar todos los cabos de tal forma que al lector solo puede asentir o disentir pero deja poco margen para la imaginación. Sabedores de estas diferencias, es necesario que tracemos el boceto de que lo que encontraremos en La Zapatilla de Cristal para que no solo comprendamos al autor y sus personajes, sino que también disfrutemos y mucho con su lectura.
Primero, los personajes de Yasuoka, como han sido muchos de los de Tsotseki y algunos de los de Oe, son inmaduros al margen de la edad que representan, indecisos hasta la saciedad, conformistas siempre que pueden y pusilánimes hasta el aburrimiento. Esto hace que el lector participe notablemente en el texto corto, puesto que vemos, no solo una salida u opción, si no docenas de ellas, muchas de las cuales el protagonista deja pasar o elige mal, activando nuestro enfado o alegría. Siempre estamos empujándolo mentalmente a que haga o deshaga algo, o bien negando con la cabeza incrédulos de sus actos.
Segundo, todos los cuentos salvo uno, Las orejas del rey, no acaban con una conclusión progresiva y rematada. Yasuoka usa la tijera cuando quiere y en tres líneas concluye el relato. O bien simplemente para, mientras el personaje reflexiona. Con esto consigue también involucrar al lector que intuye diversos posibles finales e incluso sería capaz hasta de escribirlos.
Este juego modesto de participación del lector supone la clave para aprovechar este librito, al que si no se le trata con esos cuidados puede ser tedioso y cansino, pero que siguiendo las instrucciones adecuadas y conociendo previamente esos detalles, resulta ser placentero y más que aprovechable.
Solo nos queda decir que el diseño del libro realizado por Estelle Talavera para El Tercer Nombre demuestra el cuidadoso esmero y cariño que ha puesto en él, al que considera casi como un hijo. Un detalle que sabremos agradecer también.
En resumen, un libro tranquilo, modesto, honesto y cumplidor, que en sus nueve historias plasma una fotografía bien definida del Japón de los años cuarenta y cincuenta, reflejando las expectativas y desengaños de la guerra en los japoneses de a pie.
Nos ha gustado mucho: hacer de padres de unos personajes sin futuro.
Nos ha gustado menos: ignorar el destino de esos personajes.